Orbe Dandi

Adjetivar imágenes trabajando con el corazón en la mano y el alma en la boca.

Parafraseando al arquitecto Borja Piqueras: “ Para que un total sea, en este ha de existir una relación entre materia/energía, la materia necesita de esta para disponerse en el ether de lo perceptible” Álvaro lo asume y aplica en su obra.

Creador enfrentado al tiempo con el ansia propia de un corredor de fondo, pero ¿qué es el tiempo sino la mezcla de presente y futuro próximo que se convertirá en pasado para un futuro algo más lejano?. Álvaro Peña (Murcia 1968) tiene la respuesta a estas preguntas y por ello pinta. Académico, ilustrador, humorista gráfico, politólogo, creador vocacional y pincel solidario. Hacedor expresionista, empezó a pintar desde temprana edad para ser uno con el pincel y las tintas. El cómic y unos rebeldes 14 años lo introdujeron en la cultural y alternativa cultura murciana. Pero un creador como del que nos ocupamos, nunca podría saciar su ansia de influencias en una limitada ciudad de provincias como es Murcia. Sus volúmenes necesitaban bases y estas las encontraría en la

capital. Ávido de arte, música y experiencias se dejó embaucar por la señora de aroma moderno y uñas de color llamada Madrid. Lo tendría retenido varios años pero lograría bula para seguir mezclando colores.

Estética, espíritu y pigmentos costumbristas definieron la primera etapa de este creador a la que le siguió un segundo ciclo en el que influyeron en su pintura artistas del peso del macchiaioli Modigiani o del francés Lautrec. Con todo esto, Peña, logró crear un particular estilo dominado por contrastes de color propios del fauvismo y siluetas expresionistas propias de pintores austriacos. Peculiar y llamativo estilo que -en boca del propio Álvaro- “al principio chocaba con la mentalidad murciana y los criterios artísticos con los que académicamente se aprende a pintar”. Volúmenes que sueñan sintiendo y que hacen soñar pensando. Este artista combina materiales y modela futuros mediante pastas, carbones y gestos desairados. Sus pinceles no entienden de razas, sexo o edades,  plenitud humana es lo que se puede apreciar a lo largo y ancho de su actual obra. Androginia es claro resumen de toda una carrera como inconformista convencido de la existencia de una seducción más sublime que el sexo de raíz.

Personajes provistos de trasfondos teatrales e intensidades Mayorguianas, todos escriben de nuevo su historia para luchar contra el agotamiento del sentido de lo real. Personalidades subjetivas expuestas en el circo de la objetiva realidad. Siluetas que como Álvaro luchan por SER, luchan por conocerse poro a poro, palmo a palmo, estructuras cromáticas que crean aristas en las que seguir viviendo, cuerpos desafinados. Directrices pictórico-representacionales propias de las féminas beat al más puro estilo J. Jhonson y sus ‘Personajes secundarios’. Álvaro da voz a la desazón de ser a contratiempo, al resultado de la autodeterminación negada de rostros absortos en su pasado.

Entre la cajonera de Dalí y estos cuerpos captados no hay mucha diferencia, al fin y al cabo son gentes que rebuscan en su secreter particular para poder eregir de nuevo el políptico de bienestar facetado, que tiempo atrás le alentó a coger fuerza y romper con los cánones sociales establecidos. Auras de base que empujan a ser feliz.

Ruby Fernández .

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